Mientras el Populismo destruye, el antioqueño crea. Mientras el terrorismo amenaza desde las tarimas, el antioqueño piensa, dice y hace: La esencia de nuestra cultura es creadora por naturaleza. Y los ejemplos abundan. Pero el más reciente es nada menos que el túnel más largo de América Latina, el Túnel del Toyo, cuyo avance llega al 99% tras el anuncio del Gobernador @AndresJRendonC sobre la finalización de las obras de revestimiento del megaproyecto, evidenciando una vez más que los antioqueños no sólo somo buenos para el verbo y la belleza, sino que dominamos la técnica y la ciencia.

Como ha sucedido casi siempre a lo largo de nuestra historia, este túnel nos ha costado sangre, sudor y lágrimas. Pero bien lo decía Virgilio, «Labor omnia vincit improbus», el trabajo arduo todo lo vence, bien sea la dureza del peñasco, bien sea el odio y la maledicencia del centralismo parasitario, el cual drena los recursos que producimos en Antioquia, al tiempo que nos niega los dineros que por ley nos pertenecen, creyendo -craso error- que nuestro talante es el del siervo que obedece bajo el látigo, y no el del hombre libre que prefiere la muerte antes que el yugo y las cadenas.

Que los Antioqueños logremos lo que hemos logrado no es obra del azar ni del acaso. Es el producto y la fuerza del arraigo. Arraigo en el tiempo y en el espacio. En el espacio: porque sobre esta tierra levantamos la techumbre, la morada; porque esta tierra fértil nos entrega el fruto del azadón y la labranza. En el tiempo: porque mantenemos viva la tradición de los ancestros, esa que sembró en nosotros el amor por el trabajo, la compasión por el que sufre, la fe en una Divina Providencia que rige sobre el mundo, y el desprecio a toda forma de opresión.

El ethos paisa tiene mucho de romano, del “homo conditor” fundador de ciudades. Lo atestigua la epopeya de la colonización antioqueña, que abrió caminos, domeñó montañas y erigió poblados. En las pinturas de Cano o en la escultura de Arenas Betancur quedó grabado para la posteridad este legado. En la obra de Débora Arango, también, la rebeldía contra el poder establecido. Y ni el odio, ni la envidia, ni el terror podrán arrebatarlo, porque cuando el árbol ha echado raíz en suelo firme, ni el huracán logra derribarlo.

Posted in

Deja un comentario